miércoles, 29 de abril de 2020

El modelo de vida que nos heredó el cristianismo


RESUMEN
En el denso recorrido histórico en que han transitado nuestras sociedades, se han constituido distintas formas de organización social que en su respectivo momento han resuelto necesidades y facilitado el buen funcionamiento de tales sociedades, por consiguiente, este dinamismo nos ha conducido por sistemas económicos, sociales y políticos que conocemos como comunidad primitiva, esclavismo, feudalismo, hasta situarnos en la disputa contemporánea entre el capitalismo y el socialismo. Esta flagrante lucha de clase expone explícitamente interrogantes que nos instan a reflexionar en cuanto a dónde van nuestras sociedades actualmente y qué tipo de sociedad prevemos para el futuro. En este sentido, el presente ensayo se enfoca en dejar contenidos de discusión que nos conlleve a reflexionar sobre estas cuestiones, y para ello, se ha retomado como punto de partida el valioso aporte del cristianismo primitivo en materia de organización social, a partir del cual se ha realizado una amplia reflexión que ha permitido discurrir entre qué ideología actualmente representa los valores que el cristianismo nos heredó como modelo de vida para construir sociedades basadas en la solidaridad, cooperación y justicia social.

Palabras claves: Cristianismo, Justicia social, Modelo, Neoliberalismo, Socialismo.

INTRODUCCIÓN
Las coyunturas emergidas en los distintos tiempos históricos han permitido que en innumerables sociedades surjan diversas formas de organización social, política y económica que en su momento les ha permitido resolver sus problemas, establecer una base de relaciones sociales interdependientes, formular sus propios sistemas de valores, crear una estructura jurídica peculiar y garantizar principios económicos elementales en función de satisfacer las necesidades de ciudadanos y ciudadanas; todo esto, a fin de abonar a la constitución de un sistema de organización que favorezca el buen funcionamiento de la sociedad y privilegie el bienestar y el buen vivir de todas y todos los ciudadanos.

En este denso recorrido histórico y extenuante proceso de búsqueda de un sistema que solvente las necesidades de todos sin afectar los privilegios de nadie, la humanidad ha trascendido de un sistema a otro, desde la comunidad primitiva, el esclavismo, el feudalismo, hasta la disputa contemporánea entre el capitalismo y el socialismo, emergiendo en todos estos el nicho común de la lucha de clases como motor espontáneo de reorganización social, siempre con el tenor de los más indefensos y desposeídos, que por desventajas heredadas, no han logrado embarcarse entre las cúpulas dominantes pero sus reivindicaciones sí han hecho posible el dinamismo de la historia. Este fenómeno repetitivo históricamente deja abierto un tremendo bagaje de preguntas que podrían condensarse en: ¿Hacia dónde van nuestras sociedades actualmente?, y ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo?

Independientemente a esto, no se ha logrado trazar un modelo universal que conduzca a las sociedades hacia un mismo diseño y modo de organización social, todo parece indicar que nuestra realidad nos sitúa ante un sistema multipolar basado en las realidades sociales, geográficas, históricas, políticas, culturales y económicas de cada contexto. Sin embargo, a expensas de estos vaivenes sujetos a la dialéctica de la historia, en el presente ensayo se ha retomado la experiencia vívida del cristianismo, no solamente como doctrina espiritual, más bien, visto desde un punto de vista de lo que nos ha heredado en materia de organización social. Para ello, se ha retomado propiamente al pasaje bíblico situado en Hechos 4.32-37, en donde se nos desvela como herencia, interesantes pautas y principios de organización social que deben regir una sociedad permeada con los valores y el modelo de vida del cristianismo.

No obstante, el presente ensayo analiza este momento histórico del cristianismo, y extrae de él, nociones básicas de organización social que seguramente en el transcurso del escrito sabremos dilucidar de qué corriente ideológica representan esta noción cristiana en la actualidad, y qué corriente ideológica toma distancia de estos preceptos religiosos.

DESARROLLO
Recientemente, el pasado 15 de enero con la conmemoración histórica del 50 aniversario de la inmolación del poeta de las catacumbas Leonel Rugama, venía a mi memoria el poema “Como los Santos”, en el cual Leonel convida a los trabajadores de todos los oficios y de todos los sectores económicos marginados de nuestra sociedad, háblese de carretoneros, carboneros, del chofer, taxista, camionero, busero, soldador, zapatero, afilador de cuchillos, vende chicles, vende bolis, vende agua, de los ciegos pide limosna, verduleras, fritangueras, sirvientas, cantineras y espiritistas inclusive (Biblioteca Omegalfa, 2018), a ellos y a hermanos y hermanas de demás oficios, Leonel los insta a conocer la vida en las catacumbas, símbolo de resistencia y constante lucha contra la dictadura somocista, asimismo como fueron las catacumbas cristianas ícono de resistencia indómita ante el incesante acechamiento de las hordas romanas.

Así pues, cito a Leonel porque entre la lucha cristiana y la lucha revolucionaria gestada desde Sandino hasta el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979, existe mucho paralelismo y una herencia en temas de organización y modelo de vida que en otro momento podríamos dilucidar con mayor hondura, ya que lo que se pretende plantear en el presente escrito, a manera de discusión para creyentes cristianos, académicos, personas interesadas en temas políticos y lectores asiduos en general, es el modelo de vida que, en medio de la persecución y el acechamiento constante, los cristianos asumieron como conductas y valores ante esa coyuntura histórica, al igual que lo asumieron los revolucionarios en la clandestinidad.

En este sentido, estos primeros cristianos en los albores de la primera década de nuestro calendario gregoriano, se agruparon como predicadores del evangelio a raíz de la muerte y resurrección de Cristo, y plantearon esenciales principios, códigos de conductas y normas de vida que surgieron de manera natural en el contexto de la persecución romana, los cuales se evidencian en el escenario descrito en Hechos 4.32-37 (Reina Valera, 1960), del cual extraemos una enorme herencia en materia de organización social que a continuación se puntualiza:
  • La población era de un corazón y un alma (Reina Valera, 1960, Hechos 4.32).
  • Ninguno decía ser propio nada de lo que poseía (Reina Valera, 1960, Hechos 4.32).
  • Tenían todas las cosas en común (Reina Valera, 1960, Hechos 4.32).
  • No había entre ellos ningún necesitado (Reina Valera, 1960, Hechos 4.34).
  • El precio de algo vendido se traía a los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad (Reina Valera, 1960, Hechos 4.34-35).

A partir de estas prácticas sociales presente en el cristianismo primitivo, dejo suelto algunos cuestionamientos concretos sobre la disparidad evidente de los valores heredados del cristianismo, y los valores que traslapan las arengas eufóricas de ideologías y partidos políticos de derechas que con su proyecto neoliberal insisten en llevar felicidad, prosperidad y desarrollo a nuestros pueblos. A ellos interpelo y les digo lo siguiente:

  • ¿Acaso su posición libero-burgués les permite empalmar en las necesidades del pueblo y construir un programa político, económico y social que responda a esa alma, a ese sentir y a ese corazón del pueblo popular? Es notorio que su posición social y ubicación geográfica de sus residencias distan mucho de las del pueblo, es decir, no comparten el mismo corazón y la misma alma del pueblo (Reina Valera, 1960, Hechos 4.32). Por eso, fácilmente podemos responder para quién gobernaron en sus 16 años de neoliberalismo.
  • Reflexionemos, ¿Qué tipo de comunidad avizoraba el cristianismo primitivo para el futuro: una sociedad fragmentada en clases sociales profundamente desiguales, o una sociedad basada en los conceptos de equidad, cooperación amistosa y ayuda mutua? No olvidemos que “Ninguno decía ser propio nada de lo que poseía” (Reina Valera, 1960, Hechos 4.32) y todos “Tenían todas las cosas en común” (Reina Valera, 1960, Hechos 4.32). Era un modelo de bien común que no se basaba en el egocentrismo ni en la libre competencia en donde siempre terminan imponiéndose los más pudientes.
  • Preguntémonos: ¿Qué nos deja como ejemplo el cristianismo: la concentración de riquezas en pocos o la distribución de la riqueza según las necesidades de todos y todas?; dicho de otra manera, ¿Qué primaba como fin en las relaciones sociales: la cooperación económica como elemento indispensable para generar oportunidades de desarrollo, o la competencia como mecanismo de dominación para perpetuar el dominio de los más ricos sobre los más pobres?; cuando Lucas –su autor- claramente expresó que “No había entre ellos ningún necesitado (Reina Valera, 1960, Hechos 4.35), es precisamente porque compartían y distribuían equitativamente los bienes según las necesidades de todos y todas sin dar lugar a la avaricia, acaparamiento y acumulación perniciosa de los recursos. Es decir, todo lo contrario a lo que hace el neoliberalismo obsceno con su libre mercado y la concentración, acumulación y revitalización del capital.
  • Y en cuanto a las mercancías y los medios de producción, ¿Cuál era el fin de estos en la sociedad cristiana: Generar ganancias o satisfacer necesidades? Literalmente el pasaje bíblico nos proporciona una valiosa herencia: “El precio de algo vendido se traía a los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad” (Reina Valera, 1960, Hechos 4.34-35), es decir, se trataba de un modelo de Estado participativo y responsable socialmente, que tenía en sus funciones esenciales contribuir a la solución de las necesidades del pueblo, por lo tanto, no era un modelo de Estado elitista en donde se reduce su rol a su mínima expresión para evadir la responsabilidad y el compromiso social como suele accionar el neoliberalismo.


Sin embargo, como antítesis a este modelo de vida de los primeros cristianos, surgió un modelo usurpador, oportunista y arribista impelido por la profusa ambición y la avaricia desmedida de dos rufianes y embusteros –seguramente con nocivos pensamientos emancipadores-, quienes intentan engañar al Apóstol Pedro sustrayendo parte de la riqueza generada por la venta de una heredad, a los cuales Pedro tajantemente los increpa diciendo: “¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?” (Reina Valera, 1960, Hechos 5.3). Porque la doctrina individualista expresada en la apropiación de los medios de producción, en la concentración de la riqueza y en la acumulación de capital es adversa a los preceptos cristianos, precisamente porque no conducen a alcanzar el bienestar, el bien común, la paz y la justicia social entre los miembros de una sociedad. No obstante: ¿Acaso en el cristianismo era admisible la producción de plusvalía a costa de la explotación de la fuerza de trabajo y del control de los medios de producción siempre de los más pudientes sobre los más necesitados? No, y quienes osaron en quebrantar ese modelo de vida solidario y complementario simplemente expiraron: Ananías y Safira (Reina Valera, 1960, Hechos 5.1-11).

A decir bien, la sociedad cristiana es ejemplo de organización social en medio del acechamiento, la precariedad, la escasez y la ilegitimidad en que le correspondió surgir –porque los romanos repudiaban los valores del cristianismo-. Amplias reflexiones, profundas críticas, dramáticos escenarios hipotéticos y severas posiciones sociológicas, políticas y económicas podemos construir a partir del modelo de vida que desarrollaron los primeros cristianos en aquellos bastiones geográficos, no obstante, es admirable cómo las condiciones sociales de entonces: persecución, clandestinidad, represión, opresión e intimidación, fueron factores auspiciadores para la constitución de este modelo de vida; por eso con mucha contundencia Pablo ratificaba que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Reina Valera, 1960, Romanos 8.28).

Esto que hemos venido sosteniendo deja nociones claras que el modelo de vida del cristianismo es totalmente incongruente con el neoliberalismo; con esa ideología reticente patentizada –enmascarada- en una retórica de modernidad, desarrollo, inversión, democracia, libertad, programas de ajuste y consenso, es decir, esa ideología que se sustenta en un discurso opulento y precedido –por supuesto- de una estrategia mediática afinadísima que lo convierten en una mercancía apetecible, pero en realidad es una propaganda demagógica que margina al pobre y enaltece al rico; porque en realidad el neoliberalismo facilita el proceso de acumulación y concentración del capital privado, promueve la mercantilización de todo lo que es intercambiable, utiliza al Estado como guardián y asegurador de sus políticas económicas, privatiza los derechos sociales básicos como educación, salud y vivienda –dicho sea de paso, esto es un gasto público no una inversión social para el neoliberal-, privatiza los sectores estratégicos como petróleo, electricidad, y agua, en fin, privatiza todo aquello que posea alta rentabilidad económica (Serrano, 2015).

Contrario a esta corriente ideológica que así como multiplica su capital multiplica al proletariado, los proyectos de la izquierda revolucionaria en América Latina han definido claramente para quién gobernar y qué modelo de sociedad construir. En Nicaragua, ¿Acaso no es cristianismo construir 19 hospitales públicos y brindar educación gratuita a 2.3 millones de estudiantes de todos los subsistemas educativos del país en trece años de revolución? O por si fuera poco, ¿No es parte del compromiso cristiano y solidario asegurar la merienda y la mochila escolar a estudiantes de la educación pública, y sus respectivos materiales didácticos al profesorado que se desborda día a día en la loable profesión de propiciar la formación de ciudadanía de nuestros niños y niñas? (Franco, 2019). Eso es ser de un mismo corazón y una misma alma (Reina Valera, 1960, Hechos 4.32), porque como cristianos creemos que “El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia” (Reina Valera, 1960, 2 Corintios 9.10), es decir, tenemos constituido un modelo de gobierno con justicia social.

Además de esto, en nuestro pueblo ya casi como un adagio popular repetimos coloquialmente el segundo mandamiento de gran promesa: “(…) Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Reina Valera, 1960, Mateo 22.39). ¿Acaso no es amar al prójimo, restituir sus derechos sociales y asegurar el pleno ejercicio de la ciudadanía nicaragüense garantizando los programas sociales de Casas Maternas, Centros de Desarrollo Infantil (CDI), Usura Cero, Plan Techo Solidario, Casas para el Pueblo, Bono productivo alimentario, Programa productivo alimentario, Bono para bachilleres, el 6% Constitucional para la Educación Superior, entre otros? (Comité Ecuménico Latinoamericano por la Paz en Nicaragua, 2018). Porque Nicaragua se ha apropiado de ese modelo de vida de los primeros cristianos impulsando su modelo de gobierno basado en valores cristianos, ideales socialistas y prácticas solidarias, en donde los valores de unidad, cooperación, justicia social, equidad, fraternidad, amistad y cristiandad, es la respuesta oportunidad y pertinente para construir la sociedad de los primeros cristianos.

CONCLUSIÓN
Leonel tenía razón, los sectores empobrecidos y marginados, las clases medias, los más pudientes, la burguesía, el gran capital, los trabajadores, los obreros, los profesionales, todos y todas, debemos ver hacia las catacumbas y construir relaciones sociales como las de las catacumbas, asimismo, aprender a no explotarnos unos a otros y, por el contrario, aprender a cooperar y ayudarnos entre nosotros mismos. Los cristianos tenían razón: la acumulación del capital es inhumana y anticristiana; la competencia genera desigualdad si no hay igualdad de oportunidades y de condiciones para competir; el fin de las mercancías no es solamente su multiplicación y sus respectivas ganancias, sino satisfacer necesidades; las sociedades no se desarrollan natural y espontáneamente, se necesita de la mediación apostolar del ser humano para garantizar relaciones basadas en la justicia social, tal como la garantizaban los Apóstoles; la justicia social es una lucha inalienable, indeclinable y constante para construir sociedades en bienestar y con bien común.

Finalmente decir que, hemos anunciado frontalmente que en el gobierno del Frente Sandinista el pueblo es presidente; que la lucha contra la pobreza es la única guerra constante que los nicaragüenses estamos librando desde aquel histórico 10 de enero de 2007; que Nicaragua es Cristiana, Socialista y Solidaria porque el plan de gobierno se fundamenta en la justicia social, en la equidad y en el bienestar de todas y todas; hemos dicho que arriba los pobres del mundo irrepetiblemente, precisamente porque gobernamos para los más desposeídos y porque reivindicamos el cristianismo como modelo de vida y modelo de gobierno para las familias nicaragüenses; con hechos concretos que dan validez a este modelo, se ha aprobado un Presupuesto Nacional que destina más del 54% para la reducción de pobreza a través de programas de subsidios, acceso a la educación y cooperación para las familias más humildes de nuestro pueblo; y hemos afirmado que iremos siempre más allá hasta agotar todos los medios posible a fin de llevar la felicidad a todos los hogares nicaragüenses. ¿Acaso no consiste en eso el modelo de vida que nos heredó el cristianismo?

BIBLIOGRAFÍA
Biblioteca Virtual Omegalfa (2018). Entre los poetas míos… Leonel Rugama. Colección Antológica de Poesía Social.
Comité Ecuménico Latinoamericano por la Paz en Nicaragua. (2018). Informe Nicaragua Sandinista y Justicia Social.
Correa, R. (2019, 12 de diciembre). Los enigmas del desarrollo [Archivo de video]. Video dirigido a https://www.youtube.com/watch?v=eCpUPbyYACY
Franco, F. (2019, 30 de enero). 12 grandes logros en 12 años de gobierno del pueblo. Visión Sandinista. Recuperado el 27 de febrero de 2019, de http://www.visionsandinista.net/2019/01/30/12-grandes-logros-en-12-anos-de-gobierno-del-pueblo/
Reina Valera (1960). La Santa Biblia.
Serrano, A. (2015). América Latina en disputa. República Bolivariana de Venezuela: Fundación editorial El perro y la rana.


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